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Dom, Ene
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«Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia»

Mundo Marista
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El Día de Acción de Gracias es una fiesta nacional que se celebra, en fechas diferentes, en los Estados Unidos, Canadá, Brasil, Granada, Santa Lucía y Liberia. La fiesta nació, en muchos países y pueblos, como un día para dar gracias y ofrecer algún sacrificio por la bendición de la cosecha y por el año anterior.

 

Al acercarse el día de la fiesta, pensé que sería un buen momento para mirar con gratitud —aun en medio de una pandemia mundial— los últimos meses que hemos vivido, para reflexionar sobre todo lo que esto ha representado y mirar al futuro, a todo lo que vendrá, con un corazón alegre. 

 

El salmista tiene razón; es bueno dar gracias al Señor por todas las bendiciones que nos ha concedido, a cada uno como persona y a todo el Instituto. Muchas mañanas, durante mi tiempo de oración y reflexión, trato de celebrar lo que llamo una sesión de gratitud de 5 minutos. Cierro los ojos y pienso en las personas y las cosas por las que estoy agradecido.

 

No todos los días dedico unos minutos a esta sesión de gratitud, pero me doy cuenta de que, cuando lo hago, me siento más feliz, menos agobiado y más positivo.  ¿Cómo es que pasa esto? ¿Por qué el simple acto de pensar en las personas y las cosas por las que estoy agradecido marca una diferencia tan grande en mi vida? 

 

Se me ocurren algunas razones:

  • Porque me recuerda las cosas positivas de mi vida;
  • Porque me recuerda quién y qué esimportante en mi vida;
  • Porque me recuerda que es bueno dar gracias a Dios y mostrarse agradecido con los demás;
  • Porque me recuerda que no estoy solo.

 

¿Por qué doy gracias, en privado, en mi pequeña sesión de gratitud?  Los motivos varían, pero reflexionando sobre estos últimos meses, son muchas las cosas por las que estoy agradecido:

  • Mi familia y amigos
  • Mi comunidad
  • Mi vocación
  • Los numerosos profesionales de la salud (enfermeras, médicos, voluntarios, etc.) que cuidan de los enfermos de Covid-19
  • Nuestras instituciones educativas… sus admirables esfuerzos de evangelización, día tras día…
  • Aquellos que participan con espíritu de servicio en nuestras diversas comisiones, comités y juntas
  • Nuestros compañeros maristas, que nutren nuestro carisma
  • La generosidad de los hermanos y de toda la familia marista
  • Todo lo que hacemos para proteger a los niños
  • La renovación de los votos de nuestros miembros más jóvenes
  • Nuestros esfuerzos por las vocaciones y los jóvenes que tienen interés por comprender la llamada que Dios les hace
  • La administración de nuestras finanzas
  • Nuestros esfuerzos solidarios, por medio del Secretariado de Solidaridad y de FMSI
  • Nuestros hermanos mayores, que nos llevan sobre sus hombros
  • Aquellos que cuidan de nuestros mayores en todo el Instituto… nuestros hermanos, nuestros ayudantes, nuestros médicos, nuestras enfermeras
  • Nuestras «pequeñas virtudes» en la vida de todos los días, en la comunidad y en casa

 

Henri Nouwen lo expresa bien cuando reconoce que «El Dios del amor nos lo da todo libremente. Todo es gracia. Luz y agua, refugio y comida, trabajo y tiempo libre, niños, padres, abuelos, vida y muerte, todo se nos da. ¿Para qué? Para que podamos dar las gracias; gracias a Dios, gracias unos a otros, gracias a todos y a cada uno». 

 

Entonces, ¿a qué estamos llamados al acercarnos al tiempo de Adviento? Tal vez se nos llama a tomarnos un tiempo y a reflexionar sobre todo aquello por lo que podemos estar agradecidos. Creo que aprender a hacer experiencia de gratitud implica que ser agradecido sea una actitud y no solo una reacción cuando ocurren cosas buenas. No tenemos que esperar hasta que las cosas sean perfectas para mostrarnos agradecidos; de hecho, puede que suceda precisamente lo contrario. Puede que el acto de estar agradecidos, en sí mismo, nos haga receptivos a las bendiciones de la vida, y esas bendiciones continúen si continuamos siendo agradecidos.

 

Marcelino sabía que su vida y la de los Hermanitos de María eran un don de Dios y de María, su «Recurso ordinario».  Su gratitud por el amor de Dios hacia él era muy real. A menudo decía a sus hermanos que «Dios nos ama desde la eternidad; nos escogió y nos sacó del mundo. La Santísima Virgen nos ha plantado en su jardín y vela para que no nos falte nada».

 

Gracias, por todo lo que hacen por nuestra misión marista, nuestra comunidad marista y nuestro estilo de seguir a Jesús. Reciban todo mi agradecimiento, que expreso con la siguiente oración de acción de gracias:

 

Gracias, Padre, por habernos creado y por darnos el uno al otro en la familia humana. Gracias por permanecer con nosotros en todas nuestras alegrías y penas, por consolarnos en la tristeza, por acompañarnos en la soledad. Gracias por ayer, hoy, mañana, y por toda nuestra vida. Gracias por los amigos, por la salud y por la gracia. Concédenos vivir, cada día, conscientes de todo lo que se nos ha dado (Del Libro de Oración Católica).

 

H. Ben Consigli, Consejero general  

 

Fuente : www.champagnat.org

 

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