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Goyo: la historia del pintor marista que dio vida al rostro de Champagnat

Congregación
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“El arte me da mucha alegría, porque me doy cuenta de que es mi forma de transmitir a las personas mi amor por la vida, mi tristeza y mi alegría”.

Con esta sencillez y delicadeza, Gregorio Domínguez González explica cómo entiende su vocación de pintor. “Hay mucho de mí mismo en cada obra que pinto”.

Nacido en la provincia de Burgos, en España, Goyo, como lo llaman cariñosamente, tiene una historia de vida muy cercana a la misión marista. Entre los muchos relatos, él es reconocido por ser aquel que dio vida al rostro de Champagnat, una imagen presente en los innumerables lugares de misión marista alrededor del mundo: diferentes pasillos, murales y aulas de los espacios maristas.

El inicio de la trayectoria marista

 

 

 

Con un trayecto que comenzó en 1970, Goyo cuenta que ingresó a la Congregación a los 10 años. “Las disciplinas eran un poco difíciles para él, dado que tenía alma y gusto de artista”, menciona el H. Agustín Carazo, formador del pequeño Goyo, durante sus primeros años en el Noviciado. Recuerda que, en aquella época, ayudó a Goyo en algunas asignaturas escolares y por ello le pidió su cuaderno de notas. “quedé maravillado cuando vi todo el cuaderno lleno de dibujos hechos a lápiz. Eran muy expresivos”, cuenta el H. Carazo. “Para animarlo, me encargué de enviarlo al Diario Mural del Seminario, y ahí fue cuando me di cuenta de que era un pequeño genio del dibujo”.

Al igual que este episodio, la vivencia en la Congregación de los Hermanos fue un regalo para el futuro pintor que, durante toda su formación, recibió varias invitaciones para colaborar en los proyectos artísticos de diferentes espacios maristas. “En este proceso siempre tuve la oportunidad de expresar lo que me gustaba, si era necesario alguna decoración o algún proyecto que tuviera relación con la pintura, yo lo hacía”, dice Goyo. “Luego, hice varias interpretaciones de la figura de Champagnat y murales relacionadas con la vida de Champagnat en las escuelas”, recuerda.

 
Del amor a la profesión

 

Al salir de la congregación, a los 27 años, Goyo fue invitado por un empresario inglés, junto a otro grupo de artistas, a realizar una exposición en Madrid. En ese momento, recuerda que se dio cuenta de que comenzaba su vida como pintor profesional. “Fue un período muy interesante y de aprendizaje por los intercambios que tuve con mis colegas artistas, por las personas y lugares que conocí. Creo que fue lo que impulsó mi carrera”. Para él, esta fue una gran oportunidad: “fue una excelente alternativa, porque siempre me gustó pintar, pero no sabía vender”. Con sencillez y amor por el arte, Goyo cuenta que siguió este camino durante muchos años hasta mediados de 2018. Después de ese período, y hasta ahora, trabaja solo, en su taller.

En todos estos años, reafirma que lo que le motiva a seguir ejerciendo esta vocación son las personas y sus historias. Conmovido, recuerda con cariño un episodio en el que una señora compró su obra en una exposición en Londres. “Recuerdo que me compró un cuadro y parecía muy feliz y agradecida. Para mí fue sorprendente que algo que nació dentro de mí pudiera hacer feliz a alguien”, explica. «Puedo pintar, pintar y pintar, pero si las personas no se conectan con lo que hago me siento mal, no me comunico, me siento solo y no expreso lo que hay dentro de mí».

Otro proyecto que contó con su participación fue una iniciativa realizada con una asociación junto a cinco artistas en una calle de Calabria, en Italia. “La propuesta era pintar algunas paredes en una calle específica. Era bonito ver a la gente que se nos acercaba, a los niños que preguntaban por la obra”, recuerda. “El trabajo del pintor es muy solitario, pero este proyecto me proporcionó una conexión con la gente, con la historia de los pueblos y con los otros artistas”, menciona.

 
Pintor de Champagnat

 

 

 

Con una trayectoria ya reconocida en varios lugares de Europa, Goyo es conocido por la forma de la expresión humana en sus obras. “El rostro humano es algo que siempre me ha llamado la atención. Cuando pinto un rostro, me doy cuenta de las infinitas expresiones que puede tener una persona: basta que cambie un poco la pincelada, la distancia de los ojos, bueno, hay un océano de posibilidades para demostrar diferentes expresiones y sentimientos”, explica el pintor.

 

 

 

 

Y su aporte en el camino marista no fue diferente. Como todo joven con vocación, conoció a Champagnat y su historia tras entrar al Noviciado, mientras su cercanía y vínculo con la historia del fundador de la misión marista estuvo incentivada por el hermano Agustín Carazo, que es su amigo hoy. “Fue él quien me animó a investigar más sobre la vida de Champagnat y pintar su rostro”, recuerda. “Con su motivación, y estudios que hice en Francia, logré aproximarme a la representación de Champagnat”, dice Goyo. “También creo que la espiritualidad influyó de forma directa en mi producción. Si no hubiera entrado en la congregación, difícilmente hubiera logrado conectarme con la historia de Marcelino y representarlo de esta manera”.

A pesar de su salida del Instituto, Goyo menciona que Champagnat es una inspiración para su vocación y trabajo. “Los valores del trabajo marista, el escucha, el estar cerca de la gente, ser protagonista y hacer todo con mucho amor y sencillez fue algo que aprendí de los Hermanos Maristas y que llevo en mi vida”, dice. Entre las diferentes pinturas producidas por Goyo, la más conocida fue la que hizo para su Canonización en 1999. Además de esa, sus cuadros con representaciones de Champagnat y su vida se encuentran en los diferentes pasillos, murales y aulas de los espacios maristas de todo el mundo.

 
Relatos de la humanidad

 

“Ahora mi sueño es que encuentren una vacuna contra el coronavirus para que podamos estar juntos de nuevo”, revela con gracia y esperanza el pintor marista. Actualmente, pasando por la pandemia, Goyo sostiene que, durante este período sensible, pasó por momentos difíciles y sin inspiración.

Al revelarnos su humanidad y sensibilidad, menciona que, a diferencia de lo que se podría pensar, durante la cuarentena, se alejó un poco de los lienzos y se acercó a la música como válvula para meditar y buscar buenas sensaciones. “Sin mucho ánimo para pintar, en esos días estuve aprendiendo a tocar la guitarra”, cuenta.

 
Educar a través del arte

 

Con un recorrido lleno de historias y vivencias, el pintor español retoma siempre el carisma marista como filosofía de vida y comparte su admiración por la búsqueda de un mundo más fraterno a través de la educación. “Lo importante es llegar al corazón de las personas: ya sea a través de la pintura, la música, el teatro o cualquier otro arte”, sostiene. “Utilizar todas las oportunidades técnicas que existen para crear y manifestar la vida.

A fin de cuentas, el arte habla de la vida”, afirma. “Para la educación, el arte es una herramienta maravillosa”, reafirma Goyo. “Transmitir conocimientos a través del arte es una forma divertida, sencilla y genera más ganas de vivir y compartir la experiencia de la vida”.

 

Fuente : www.champagnat.org

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