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Hace 100 años llegaron los primeros Hermanos Maristas a Chile (27.02.1911)

conventoEste domingo 27 de Febrero de 2011, se cumplen 100 años de la llegada de los Primeros Hermanos Maristas a Chile. Continuando con su relato, nuestro historiador,

exalumno René León Gallardo, en su obra en desarrollo “Historia del Instituto Chacabuco”, nos traslada a los días previos a esta llegada, relacionados con su breve estadía y posterior viaje desde Argentina hacia nuestro país.

En la capital argentina, los misioneros fueron esperados, en el muelle de la dársena norte porteña donde atracó el navío, por el Hermano Agricius, director del Colegio de Nuestra Señora de Luján y varios otros Hermanos porteños. El colegio indicado está situado en la localidad del mismo nombre en que también estaban el famoso Santuario y Basílica de Nuestra Señora de Luján, quien también desempeñaba el importante cargo de Visitador del Distrito. Era la principal sede Marista de esa época, en la República Argentina. El Hermano Adventinus, refiere:

“Al desembarcar encontramos en el muelle al Q.H. Hermano Agricius, visitador del distrito que, en compañía de varios otros Hermanos, había tenido la bondad de venir a esperarnos y, después de haber dado un rápido buenos días a nuestros Hermanos de la calle Sáenz Peña, tomamos el mismo día el camino de Luján” .

La Escuela de San Vicente de Paul estaba situada en la esquina de avenida Presidente Luis Sáenz Peña y avenida Caseros. El establecimiento era el primer jalón de la presencia de la congregación francesa en la República Argentina donde habían llegado en 1903.

Al anochecer del día 19 de febrero de 1911, el grupo misionero, acompañado del Hermano Agricius, viajó en tren a la ciudad de Luján, a unos 70 km al oeste de la capital argentina. Una vez llegados a su destino, los jóvenes religiosos, fueron atendidos con gran afecto por la numerosa comunidad de Maristas y, luego de un fraternal saludo se reunieron a cenar en el refectorio de la casa. Era la primera cena que hacían en tierra firme luego de su partida desde Barcelona, en la costa mediterránea de España. Posteriormente, recibieron albergue con la misma comunidad.

Al día siguiente, en la mañana, cruzando el río Luján por el antiguo puente de estructura de hierro que allí existe, visitaron la hermosa Basílica de Nuestra Señora de Luján y todas sus dependencias y anexos en compañía de los Hermanos de esa comunidad. Al mismo tiempo, visitaron el local provisorio del noviciado y del juniorado de la congregación junto a las instalaciones del colegio. A la hora de almuerzo, encontraron un verdadero festín servido en su honor. El almuerzo era presidido por el Hermano Agricius, Visitador. Al momento de los brindis, tomó la palabra el Hermano Honoratus, cuya palabra abundante y con su cálido corazón quien se expresó en términos generosos y sinceros respecto de sus deseos de éxito por el desarrollo de la obra en Chile.


El Hermano Honoratus hizo extensivas las expresiones amables y de bienaventuranza hacia la persona de los misioneros. Pero eso no fue todo, dice el Hermano Adventinus, a la salida del refectorio, los religiosos visitantes fueron conducidos a una grande y hermosa sala donde, no sin sorpresa, encontraron a los novicios y a los juniores reunidos en coro. También ellos habían querido homenajearlos interpretando ante ellos una serie de hermosos trozos de música con tanta gracia como con espíritu verdaderamente Marista que, en palabras del Hermano Adventinus, les encantó. Vino la despedida y los agradecimientos por las diversas y sinceras atenciones recibidas. El colegio Marista de ese lugar está exactamente al frente del santuario, al final de la avenida San Martín. Por esos días ya era un establecimiento de grandes dimensiones y de hermosa arquitectura. Todavía había sectores en construcción. Su alumnado alcanzaba los 395 alumnos. Al mediodía habían finalizado la visita en compañía del Hermano Ignacio, primer religioso Marista español en esa república.

Al atardecer de este último día, retornaron a Buenos Aires. Los Hermanos de la comunidad porteña de la Escuela de San Vicente de Paul los recibieron con el mismo entusiasmo y atenciones del primer día. Tres días permanecieron los religiosos en esa gran capital del Distrito Federal, a orillas del Plata. Los Hermanos destacados en Buenos Aires, no escatimaron esfuerzos para hacer grata la estadía de los misioneros Maristas, conociendo la hermosa y gran urbe, sus calles, palacios y sus monumentos. Luego, supuestamente en la mañana del cuarto día, tomaron el tren del Ferrocarril General San Martín para viajar, durante 22 horas, a la distante ciudad de Mendoza, capital de la Provincia del mismo nombre, situada a 1.050 km de distancia al oeste de la capital argentina. En esta última ciudad, al pie oriental de la cordillera de los Andes, y, probablemente, después de haber alojado una noche en esa importante población cuyana, en la mañana del 27 de febrero de 1911, abordaron el convoy ferroviario del Ferrocarril Transandino, recientemente inaugurado hacía menos de un año, en abril de 1910.

 El tren, serpenteando la majestuosa y elevada cadena montañosa, tirado por una poderosa locomotora Kitson Meyer, trepó por los faldeos de los montes, a orillas del río Mendoza. Diversas localidades fueron pasando como en una película por las miradas impresionadas de los viajeros. Ante su vista, pasaron –entre otras- las estaciones de Blanco Encalada, Cacheuta con las famosas termas del mismo nombre, Guido, Potrerillos, Uspallata con su historia y su verde paisaje plantado de hermosos y esbeltos álamos. Luego, vinieron Zanjón Amarillo, Polvaredas, Punta de Vacas en la confluencia de los ríos Tupungato y de las Vacas. El paisaje cordillerano ya se hacía más agreste e imponente.

Después llegaron a Los Puquios, Puente del Inca con el impresionante puente natural que en otros tiempos fue parte de la red incaica de caminos. Instantes después, cruzaron frente al Cajón de Horcones, al fondo del cual, hacia el norte, se yergue el majestuoso monte Aconcagua. Minutos después, arribaban al entonces mísero villorrio de Las Cuevas, por ese entonces, era sólo una estación del ferrocarril y poblado de unas pocas casuchas. El tren cambió de locomotora por otra unidad del lado chileno. El viaje prosiguió atravesando el túnel transandino de poco más de 3.000 de longitud. Al llegar a la primera estación chilena de Caracoles, a 3.150 de altitud, los viajeros comenzaron a descender lentamente hacia Portillo, a 2.886 m. La vía, dotada de cremallera de sistema Abt, hacía que la poderosa locomotora Kitson-Meyer se agarrara de los rieles, impidiendo que el convoy tomara demasiada velocidad por la fuerte pendiente de hasta un 8% que debía vencer en su descenso.

Pasado Portillo y su pequeña estación en la ribera sur de la laguna del Inca, el convoy inició su bajada hacia la estación Hermanos Clark o Juncal, situada a una altitud 2.220 m de altura. Hubo de cruzar varios túneles y cobertizos contra avalanchas, a lo largo de su recorrido. El aburrimiento del lento viaje fue, sin dudas, compensado por el hermoso paisaje cordillerano que los religiosos podían observar desde la ventanilla del vagón. Sólo hasta la siguiente estación de Río Blanco, a 1.420 m de altitud, la vía seguía dotada de cremallera para vencer la pendiente que alcanzaba un máximo de 8% en el tramo Guardia Vieja-Río Blanco. Desde esta última localidad el tren proseguía rápidamente hacia el destino final de Santa Rosa de Los Andes donde iban a desempeñar su labor educativa. Alrededor de las 18:00 horas, de acuerdo a itinerario, los viajeros deben haber llegado a esta última ciudad.

Habían viajado a lo largo de 270 km, durante 10 horas –desde Mendoza- para atravesar la imponente cadena andina. ¡Los noveles maestros Maristas, habían viajado 12.250 kilómetros para llegar desde Barcelona a Los Andes!


Así sucedieron los primeros albores de la gran aventura de evangelizar nuevas tierras para dar a conocer a los niños y jóvenes de Chile cuánto les ama Dios, como era el gran deseo de nuestro santo Fundador.  Agradezcamos al Señor este hermoso regalo de la llegada de los  Hermanitos de María a esta tierra bendita hace ya 100 años, y participemos con alegría de esta fecha tan significativa.